Ayer por la tarde, de camino a casa presencié una horrible escena.Un tipo de esfinter súcio gritaba como un poseso a una florecilla mediterránea la cual lloraba desconsoladamente su dissort.
Afortunadamente, encontré el valor suficiente en el bolsillo derecho de mis pantalones para ir en ayuda de la dama.
Tras recobrar la conciencia, me vi a mi mismo en el suelo, o mejor dicho no me vi.
Era de noche y todo estaba oscuro.
Aunque tal vez era por la tarde y la falta de luz era causada por la hinchazón de mis ojos.
Sea como sea, ahí estaba yo, cojeando encorvadamente de vuelta a casa y anotando mentalmente mi próxima compra: unos pantalones sin bolsillos.
En estas, la luz de un local cercano me deslumbró.
Ante mis moratones, unas exuberantes luces de neón berreaban:
The Dublinings
Desafortunadamente, ninguna de ellas era la mía puesto que mis ojos no me permitían ver dónde estaba el mozo.
Afortunadamente, eso me libró tener que pagar ninguna de ellas.
Desafortunadamente, eso no me consoló.
Afortunadamente, recordé que soy abstemio.
Desafortunadamente, he utilizado en las últimas líneas demasiadas veces los conectores "afortunada" y "desafortunadamente" como para poder seguir utilizándolos sin arruinar la historia por tanto, tendremos que pasarnos sin ellos a partir de ahora, huh...?
Lo siento, normas de la compañía.
Pues eso, que los chisposos parroquianos del local indefectiblemente hacían dos cosas: o se alejaban de mí con cara de asco o me rompían un vaso en la cabeza para ver si servidorcito, es decir, ese compendio de hinchazones, chichones y moratones, era de verdad.
Todos salvo una persona.
Una...
Sólo una...
Una chica...
Una florecilla...
La cual se acercó dulcemente y me rompió un vaso en la cabeza para ver si yo era de verdad.
Después se alejó con cara de asco.
Y aquí acaba una historia que empieza tal como empezó: desafortunada... Oooops, ya he jodido el texto con el conector de marras.












